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lunes, 21 de junio de 2010

Relatoría de la CIDH constata graves condiciones de detención en la provincia de Buenos Aires


Vale la pena leer el comunicado de prensa de la Relatoría de la CIDH, fechado hoy 21/6/10, en el que se informa sobre las conclusiones preliminares de la visita reciente (7 al 10/6/2010) a cárceles y comisarías de la provincia de Buenos Aires.
En ese comunicado la relatoría comienza por expresar "profunda preocupación" por las condiciones de detención en la que se encuentran las personas privadas de libertad en la provincia de Buenos Aires. Recuerda que "además de respetar su vida e integridad personal, el Estado tiene la obligación de asegurar condiciones mínimas de detención que sean compatibles con la dignidad humana".
La Relatoría "considera preocupante el uso abusivo de la detención preventiva, en detrimento de los principios de presunción de inocencia, necesidad y proporcionalidad que deben regir este mecanismo procesal" y "observa que los jueces optan por la medida cautelar más gravosa para la vigencia del derecho a la libertad durante el proceso, con el objeto de mostrar eficiencia y evitar los reclamos de la sociedad, los medios de comunicación y del mismo poder político".
Sobre las últimas reformas al CPP de la provincia de Buenos Aires, y en consonancia con las voces alzadas desde las ONG del sector (por ejemplo INECIP y CELS), la Relatoría "observa con preocupación las últimas reformas procesales por las que se restringió el acceso a las medidas alternativas a la privación de libertad y se aplican criterios sustantivos para el análisis de procedencia de la prisión preventiva, en contradicción con los estándares internacionales". También reiteró el reclamo permanente de que cese el uso de las dependencias policiales como centros de detención.
Respecto a las condiciones de detención, señaló como puntos de especial preocupación:
* el uso sistemático de tortura y tratos crueles
* la insuficiencia de los anuncios sobre construcción de unidades
* la política de traslados como medida disciplinaria y de control
* las malas condiciones edilicias
* la deficiente atención médica en las cárceles
* la falta de atención médica en las comisarías
* la inadecuada alimentación suministrada
* lo inadecuado de los programas de rehabilitación y educación

Además de esta sensible y sensata agenda, es muy interesante la "receta" que sugiere la Relatoría para, como dice el documento, fortalecer los mecanismos de protección: "es necesario otorgar la independencia y autonomía necesaria a la Defensa Pública Provincial e instaurar el mecanismo establecido en el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Asimismo, garantizar la independencia de los miembros del Poder Judicial, a fin de que cumplan de manera efectiva con su función de control de la legalidad de la detención preventiva y de la ejecución de la pena, libres de cualquier tipo de ingerencia o presión".

En el cierre del comunicado, la Relatoría "insta al Estado argentino, en particular a la provincia de Buenos Aires, a diseñar e implementar una política penitenciaria acorde con los principios internacionales que rigen la materia; y a formular un plan general orientado a superar la grave situación que padecen las personas privadas de la libertad y a asegurar el goce efectivo de sus derechos humanos."

lunes, 14 de junio de 2010

Minimalismo penal y eficacia carcelaria

Que la cárcel es un problema, nadie lo duda. Algunos piensan que es un problema mayor que aquél que pretende remediar, y por eso abogan por su abolición.
Yo tengo una curiosa forma de optimismo: pienso que, hasta tanto encontremos algo mejor para hacer, es posible hacerla menos mala (menos violencia inútil, digámoslo de una vez)
La semana pasada el diario Clarín publicó esta nota, que en sí misma me pareció bastante incompleta, casi de baja calidad, aunque cambié de idea con la muy buena subnota que firma el periodista Héctor Gambini.

Hoy no es es el mejor día para que me siente a escribir como el tema se merece. Pero tengo la impresión de que si, al menos, no uso este blog como ayuda-memoria público de los asuntos sobre los que hace falta pensar, me voy a quedar, como de costumbre, con el tema in pectore. Por lo tanto, prefiero recomendar la lectura de la noticia y provocar el pensamiento sobre las cuestiones vinculadas a la cárcel, con un par de párrafos a manera de reflexiones sueltas. Ya volveremos sobre esto en próximos posts, pero al menos arranquemos con dos ideas convergentes desde polos opuestos:
  1. De un lado está el minimalismo penal. Ese principio de mínima intervención penal que nos manda disminuir la violencia social para conseguir la paz, y que por tanto nos obliga a aplicar a la gestión de cada conflicto la solución menos violenta posible, y la cárcel como última ratio. Desde ese aspecto, es indudable que el encierro no debe usarse siempre que pueda sustituirse eficazmente con otra medida, y cuando se use, debe serlo por el menor tiempo que sirva a la finalidad esencial establecida en la Constitución: "la reforma y la re adaptación social de los condenados" (CADH: 5.6). No entro en la vieja discusión (que como bien dijo alguna vez el gran Tute Baigún, no es sobre las teorías sino sobre la mitología de la pena), y no me van a escuchar decir si me parece bien o mal andar por la vida reformando prójimos. Está en la Constitución, y punto.
  2. Y en el otro rincón, la eficacia carcelaria. Aún pensando como el menos humanista de los administradores estatales de violencia, está claro que los recursos estatales jamás son infinitos. La cárcel es un recurso, y tiene un límite. Si no la uso de una forma inteligente y eficaz, no hago bien mi trabajo. Y en estos tiempos de gran demanda de inseguridad, el deber de los agentes públicos de punición es optimizar el aprovechamiento de los recursos: evitar malgastar calabozos encerrando a gente que a lo mejor, podría estar afuera, y hacer lugar para los más peligrosos delincuentes; además, aprovechar al máximo cada condena para tratar de que el penado no reincida (si no me ocupo de eso, sería bastante incompetente, como si me mandaran a llenar la pileta y no me preocupara de ponerle el tapón).
En resumen, tanto desde el garantismo como desde el manodurismo racional (suponiendo que exista), parece que es bastante estúpido no trabajar en el problema de los mecanismos de tratamiento penal y control pos penitenciario.
(Continuará)