jueves, 27 de agosto de 2009

2° Curso de Litigación Oral en Mar del Plata


El grupo INECIP Mar del Plata invita a una nueva edición del Curso de Litigación Oral, que como el anterior, se dictará en la sede del Colegio de Magistrados y Funcionarios del Departamento Judicial Mar del Plata (Brown esq. Olavarría).
Se trata de un curso práctico destinado a la adquisición, entrenamiento y perfeccionamiento de las destrezas requeridas para la litigación oral en todo tipo de procesos adversariales, sin limitación de fueros.
Las actividades del curso consisten en la simulación de audiencias y juicios orales, análisis e interpretación de fragmentos de juicios reales y guionados y sistematización de los principios en juego que sostienen las prácticas y destrezas que requiere el trabajo del Abogado en un sistema de juicio oral adversarial. A los alumnos se les entrega todo el material y bibliografía complementaria, además de su trabajo en clase.
Temas abordados:
- Introducción a la estrategia procesal
- Teoría del caso
– Examen y contra examen de testigos y peritos
– Objeciones
– Uso de declaraciones previas
– Prueba material
– Alegatos
– Audiencias preliminares

El equipo docente a cargo del curso está integrado por Ariel CIANO, Roberto ERRANDONEA y Guillermo NICORA.
El curso comienza el 8 de septiembre de 2009, y se desarrollará durante ocho martes consecutivos (termina el 27 de octubre de 2009), en el horario de 17 a 20 hs (total: 32 horas cátedra)
El arancel general del curso es de $400, con precios preferenciales para los asociados al Colegio de Magistrados ($350) y estudiantes de Derecho ($300). En todos los casos, el pago puede realizarse en dos cuotas mensuales y consecutivas sin interés, o al contado con el 15% de descuento.
Por la índole del curso (eminentemente práctico) los cupos son limitados, y se entregará certificado a quienes cumplan con el 75% de asistencia. Se recomienda inscripción anticipada, ya que durante el curso anterior el cupo se vio sobrepasado, y se estima que este segundo curso también se completará antes del día de inicio de clases.
Para más información o para inscripción los interesados pueden dirigirse al teléfono (0223) 155 111 999 o por correo electrónico a la dirección inecipmdp@gmail.com

sábado, 22 de agosto de 2009

¿Quosque Tandem?

Leo aquí que acaban de aprobar la creación de cinco Tribunales de Menores en la Capital Federal. Siguen creando órganos judiciales para la Justicia Nacional ¿hasta cuándo van a seguir riéndose de la autonomía de la ciudad, violando la Constitución y engordando más y más ese Pantagruel patético que es la Justicia Nacional?
La imprescindible reforma del espantoso sistema mixto que perpetró el menemato (aplaudido en forma entusiasta por el establishment judicial, dócil como siempre a los gobiernos de turno, cuanto menos republicanos mejor) seguirá durmiendo el sueño de los justos mientras no se produzcan novedades contundentes en el traspaso de competencias judiciales a la ciudad. No tiene sentido introducir un nuevo diseño procesal que siga necesitando pensar en el caso cotidiano de los delitos contra la propiedad, y al mismo tiempo en el delito a gran escala, corrupción, narcotráfico, trata, lavado, etc.
Lo curioso del caso, es que el muy PRO gobierno porteño, enfáticamente empeñado en avanzar hacia la autonomía plena creando su propia policía (que ya está claro se inspirará en el "Fino" modelo de la Federal) parece que se olvidó de reivindicar la autonomía en materia judicial. ¿Será porque pierde los votos de "la Familia"? ¿No era que votan todos en la Primera Sección Electoral de Provincia?
Ay, cuántas preguntas para una mañana de sábado, mejor me voy al súper...

domingo, 5 de abril de 2009

Todos morimos un poco…

Todos los que nos sentimos convocados por la necesidad de darle el último empujón a la dictadura, hemos muerto un poco el 31 de marzo.

Sabíamos que el final estaba ahí, al alcance de la mano. Pero aunque todos sepamos de la inexorabilidad de la muerte, ella siempre golpea.

Raúl Alfonsín me hizo descubrir que frente a una realidad aciaga, vale la pena luchar. Y que esa lucha apasiona. Hace unos cuantos años que abandoné la lucha desde el partidismo político (y no tengo dudas de que algunas decisiones de Alfonsín tuvieron protagonismo en eso). Todavía hoy sigo convencido que la brega partidaria ya no es mi lugar. Pero, gracias a Alfonsín y a esa asignación de sentido a la vida de un pibe de 21 años, todavía hoy lucho por cambiar la realidad, y todavía me apasiono, y todavía vivo pensando que algún día vamos a ganar.

De todo lo que leí en estos días, estos dos textos que siguen son los que mejor expresan lo que yo quisiera decir. Vayan pues como mi homenaje, deliberadamente tardío, y con el debido crédito a sus autores y propietarios intelectuales.

La lucha por Alfonsín

Por Andrés Malamud *

¿Un tribuno de la república o un hombre del pueblo? La muerte de Raúl Alfonsín despertó en la intelectualidad porteña una disputa para adueñarse de su memoria. Anticipando la revalorización popular de su figura, aristócratas y neoperonistas se lanzaron al ágora mediática para reivindicarlo como propio. Pero él no perteneció a ninguno de esos bandos.

La lucha política argentina se estructuró durante décadas alrededor de un eje que enfrentaba a Sarmiento e Yrigoyen con Rosas y Perón. Los primeros promovieron la soberanía popular a través de la educación y las instituciones, los segundos mediante la movilización y la conducción personalizada. Alfonsín nunca escondió su pertenencia al primer campo. Respetaba la representatividad popular del otro, pero se reconocía en la socialdemocracia europea y el pensamiento occidental liberal antes que en el particularismo nacionalista. Tampoco perteneció, por supuesto, al sector marginal pero poderoso de la oligarquía. Luchó toda su vida contra el autoritarismo mesiánico epitomizado por Firmenich y Videla. Se alineaba con el campo popular, y por lo tanto contra los aristócratas de la violencia; pero lo hacía desde una concepción universalista, y por eso nunca fue peronista. A los violentos los consideraba enemigos y los combatía con la ley; a los peronistas, adversarios, y los combatía con el voto y la palabra. Negociaba con todos, porque ésa era su concepción de la democracia: la negociación, por oposición a la eliminación. Gozó de las tres cualidades que Weber exigía en un político: pasión, responsabilidad y mesura. Pasión para entregarse a una causa, responsabilidad para hacerse cargo de las decisiones y de sus consecuencias, mesura para no perder perspectiva. Le faltó suerte y le sobraron enemigos, que hoy parecen no haber existido. Carecía de experiencia ejecutiva cuando asumió la presidencia, lo que empañó su legado administrativo pero no el político. Consolidó una democracia defectuosa, pero Argentina ya no toleraba dictaduras perfectas. Sus derrotas lo acercan al héroe trágico pero no le quitan brillo a su memoria. Después de todo, elecciones populares también jubilaron a fundadores de estados como David Ben Gurion y héroes de guerra como Winston Churchill. Sus triunfos valen más. Hugo Chávez y Evo Morales representan, como representó Perón, intereses legítimos de sectores postergados. Pero no es el de ellos el modelo de país por el que Alfonsín se batió. Estadistas como Olof Palme y Felipe González lo encarnaron mejor. ¿Extranjerizante? El lo veía como un modelo universal que había que adaptar a la Argentina. ¿Ambicioso? Sin ambición no hubiera habido octubre del ’83, juicio a las juntas ni democracia a prueba de radicales y peronistas. ¿Imposible? Desistir es un verbo que él nunca conjugó.

Alfonsín no encarnó al estereotipo argentino: eso lo hizo mejor Menem. En la visión de Oliver Stone, no sería Nixon sino Kennedy: reflejaba mejor las aspiraciones de su pueblo que su realidad. Todavía hoy, quizá para siempre, Alfonsín representa a la Argentina que no consigue volver a ser, que quizá nunca más lo sea. Por eso nos conmueve tanto.

* Universidad de Lisboa.

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Fue histórico

(Por Roberto Gargarella, en http://seminariogargarella.blogspot.com", el 3/4/09)

Los funerales de Alfonsín ya pasaron a la Historia: uno de los hechos más notables de la vida política nacional en el último siglo. Lo ocurrido fue histórico por la magnitud de gente, por el silencio y el respeto, el clima de recogimiento, el amor que se percibía en los rostros, las diferencias de edades y clases sociales mezcladas en la multitud.
Vuelve a sonar una nota que escuchamos y discutimos por aquí, hace no mucho: una comunidad a la que se señala rápida e irresponsablemente como apática, despolitizada, de espaldas a la vida pública, desinteresada, egoísta, preocupada sólo por salvarse a sí misma, aparece, de un momento a otro, movilizada políticamente, emocionalmente, durante días. Miles y miles de sus miembros resistiendo horas, bajo la lluvia y la noche, solamente para decirle adiós a un político que acababa de morir.
Algunos quisieron aprovechar lo ocurrido para, intencionada y maliciosamente, marcar contradicciones en el sentir popular: ayer pidiendo que se vayan todos, hoy devota por un viejo político. Pero no es así. Lo ocurrido es una buena muestra de lo contrario, de que la política importó siempre, y de que lo que se rechaza es su degradación, las uvas amargas frente a las cuales la ciudadanía no está dispuesta a engañarse, y que -con razón- no quiere comer nunca más. Nunca más.
No soy de los que piensan que el pueblo no se equivoca. Claro que se equivoca, sobre todo si -como en la actualidad- las condiciones de la política son las peores posibles: la palabra concentrada en pocas voces, el dinero en manos de pocos, desigualdades crecientes en un marco que deja absolutamente en el desamparo y la intemperie a quien queda fuera. Lo verdaderamente extraordinario es que en ese marco tan penoso, tan duro, tan grave, la ciudadanía siga teniendo la sensibilidad necesaria para distinguir lo profundo de lo superficial, lo sacro de lo profano. Más allá de los errores propios e inducidos, es claro que ninguno de los políticos vivos recibiría en sus funerales, hoy, ni la centésima parte del amor y devoción masivas que ha recibido Alfonsín. El pueblo se equivoca, sí, porque -con intención o por desidia- no se crean las condiciones para favorecer lo contrario. Y aún así, a pesar de ello, la comunidad mantiene tanta claridad para reconocer aquello por lo que todavía vale la pena seguir creyendo.

viernes, 27 de marzo de 2009

Grandes juicios de la historia

La semana pasada lanzamos en clase un desafío: como salió una breve discusión sobre el juicio contra Jesús, propuse que intenten hallar datos sobre ese juicio.

Micaela Freire fue la primera que recogió el guante, y encontró un documental sobre el juicio a Jesús de Nazareth. ¡Felicitaciones, buen trabajo!

Sería fantástico que intenten ver ese documento (que por lo poco que pude espiar, habría sido tomado de una emisión de The History Channel) y –si pueden, comenten aquí aspectos procesales, como por ejemplo quién ejerce la acción, cómo se toma la resolución, si existe defensa, etc.

Y ya que estamos, desde el arcón de la memoria (donde encontré un viejo mail de mi amigo rosarino Víctor Moloeznik, eximio internetómano y gran militante de la reforma), ofrezco aquí el vínculo a un excelente sitio (en inglés) que tiene más de cincuenta páginas sobre otros tantos juicios famosos de la historia, desde Sócrates a OJ Simpson, parando en todas. Si pueden leer en inglés, lo van a disfrutar. Y si no, ya tienen una buena razón para retomar los estudios de idiomas.

(PD para mi querido AB: podés seguir robando estos posts, si no fuese por vos, este blog seguiría en el freezer)

jueves, 19 de marzo de 2009

Cuando hablan los maestros…

Con el debido crédito legal a Página/12, y asumiendo que el autor aprobará el uso del texto con fines didácticos (y si no, seré demandado…), reproduzco a continuación la columna que publicó ayer el eximio maestro Roberto Gargarella. Uno no puede menos que contemplar con admiración lo riguroso del análisis y la calidad comunicativa de esta columna. Disfrútenla, por favor.

Los derechos humanos de los delincuentes

Por Roberto Gargarella *

http://www.pagina12.com.ar/fotos/20090318/subnotas/na16fo02.jpg

Cíclicamente reaparecen los miedos generados por la inseguridad y, con ellos, el discurso público vuelve a inundarse de bravatas altisonantes que, por su repercusión, conviene tomarse en serio. Quisiera concentrarme aquí en algunas de las expresiones que circulan en estos días, vinculadas con la relación aparentemente excluyente o de suma cero que existiría entre la protección de las víctimas y la defensa de los derechos de los delincuentes. La idea aparece en expresiones como la que dice que “en este país mueren inocentes mientras se protegen los derechos humanos de los delincuentes” o “estoy cansado de los derechos humanos de los delincuentes”. ¿Qué se quiere decir con tales expresiones?

Una primera posibilidad sería que tales afirmaciones involucran un juicio descriptivo como el siguiente: “en los hechos, hoy, en la Argentina, se están favoreciendo los derechos humanos de los delincuentes, mientras se descuidan los derechos de las pobres víctimas”. Apenas reflexionamos unos instantes sobre esta idea, sin embargo, se advierte que ella es, más que falsa, groseramente falsa. Resulta demasiado obvio que en nuestro país en la actualidad se violan cada día, y de modo gravísimo, los derechos de los que cometieron (o son acusados de haber cometido) ofensas hacia los demás, muy especialmente si ellos provienen de sectores económicamente desaventajados. Esas violaciones gravísimas incluyen la detención por años de personas a las que no se les ha probado la comisión de delito alguno; la privación de libertad a personas que han cometido delitos menores, y condiciones extremas, brutales, violentas para los que ya están encerrados. Es decir, descriptivamente, lo que la realidad nos muestra, sin ambages, sin ambigüedades, sin margen de duda alguno, es exactamente lo contrario de lo que aquella proposición vendría a sugerir. Si hoy tenemos un problema grave en materia de inseguridad, entonces, sin dudas, ése no es el de que el Estado argentino se está excediendo en la protección de los derechos de los delincuentes.

Una segunda posibilidad sería que al decir “estamos cansados de los derechos humanos de los delincuentes” se esté haciendo referencia a una explicación referida a la imposibilidad material de proteger, al mismo tiempo, los derechos de las víctimas y los derechos de los criminales. Pero esta respuesta también es, fundamentalmente, falsa: en los aspectos más básicos, resulta obvio que se pueden hacer ambas cosas al mismo tiempo. Asegurarles a todos un juicio justo (escuchar a los acusados; asegurar que las pruebas de un juicio no sean inventadas); impedir la tortura; no encerrar a quien no ha sido encontrado culpable de ningún crimen; evitar que se trate a los detenidos como animales es perfectamente compatible con tener un presupuesto adecuado en materia de seguridad, o velar por la recuperación de las víctimas y la restauración de sus derechos. Es decir, no es en absoluto cierto que si queremos cuidar la seguridad de “los buenos ciudadanos” sea necesario, de algún modo, reducir los cuidados básicos hacia delincuentes.

Tercero, la afirmación sobre el “exceso” de respeto hacia los derechos de los delincuentes podría ser normativa, es decir, estar dirigida a afirmar que “debe darse menos protección a los derechos de los delincuentes, porque ellos no se merecen ningún cuidado, dada la gravedad de lo que han hecho”. Ahora bien, si las dos observaciones anteriores eran –en su esencia– fácticamente falsas, ésta es valorativamente inaceptable. Hay cantidad de problemas serios con esta idea. Primero, respetar los derechos de los delincuentes no significa premiar a los criminales ni dejar de reprocharles sus eventuales faltas, sino impedir que se los trate inhumanamente, o que se condene a inocentes porque “necesitamos condenar a alguien”, como muchas veces ocurre. Segundo, los derechos no están reservados para los que se comportan decentemente o los que no cometen faltas (graves), sino para todos, por el solo hecho de ser personas. Tercero, los derechos no son disponibles o removibles de acuerdo al humor de algunos, sino lo contrario de ello: su virtud es, por suerte, la de no estar sujetos a la buena voluntad de nadie.

Finalmente, puede que con la idea de “los derechos humanos de los delincuentes” se esté pensando en que, en nuestro país, algunos o muchos eventuales culpables de crímenes no quedan encerrados. Pero esta idea también es muy pobre. Primero, tenemos una proporción de presos alta y creciente, y no baja. Segundo, si hay gente responsable de crímenes que no es condenada debido a las argucias o trampas de sus abogados, ésa no es responsabilidad de los “derechos humanos”, por lo que conviene no ensuciar el término de ese modo. Tercero, si lo que ocurre es que algunos no quedan detenidos porque no se prueba su culpabilidad, eso no es un “exceso” de respeto de los derechos, sino sólo un acto justo, porque nadie quiere que se encierre a los que no son culpables de delito alguno (¿o sí?). Finalmente, pero esto da para otra discusión, no es cierto –por fortuna– que las únicas respuestas que tenemos a mano frente al crimen son las respuestas extremas, draconianas, que empiezan, como en nuestro país, con la privación de la libertad en condiciones infrahumanas. Es decir, condenar no es ni debe ser igual a “dejar encerrado a alguien”.

Decir lo dicho no implica decir que debemos actuar como si en la sociedad no hubiera delitos, ni comportarnos de modo ingenuo, ni dejar de reprochar con firmeza las faltas que se cometan en nuestra sociedad. Decir lo dicho implica afirmar que, no importa el grado de irritación que tengamos, o la antipatía que nos produzca algún grupo, o los deseos de venganza que nos provoque una situación de injusticia, no tenemos que poner en cuestión el valor de seguir tratando a todos –a todos– con dignidad y respeto. Más importante aún: tenemos que aprender a reconocer que, al respetar los derechos básicos de los criminales no estamos insultando a las víctimas. Como he tratado de mostrar, los cuidados extremos hacia las víctimas del delito de ningún modo, y en ningún sentido, necesitan del maltrato hacia quienes las han ofendido.

* Doctor en Derecho, profesor de Derecho Constitucional (UBA-UTDT).

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Publicado el miércoles 18/3/09